De un resplandor.
Si me esfuerzo, si consigo no tomar la decisión y volver a la cama para siempre como Onetti y Cioran. Si lo logro, descubriré que tenía un sol debajo de la manga. Para escribir hay que ser tramposos y desconsiderados. Y tiernos, tan dulces como una caminata con arco iris de junio en Bogotá.
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