Sólo hay una brújula y es la de mi nombre. Sólo una plaza en la Turquía interior. En un mundo a la medida de mis sueños asesinados contigo. En una tarde caminando los dos a la orilla del lago más literario del mundo. En un territorio de ilusiones poco originales. En un rumbo que la vida nos niega porque ella sí es ficción y más que eso.
Imaginarte en Londres, en Amsterdan. Curioso. Alguna vez escribí algo similarque un hombre importante para la protagonista de mi novela se iba, por cuestiones de trabajo, a Holanda. Y ella huía a Argentina y buscaba en el directorio telefónico bonarense, la hoja donde aparecía el nombre de Adolfo Bioy Casares. La arrancaba y le escribía un mail a ese hombre contándole s u travesura. Creo que ya te había soñado desde antes. La vida no sólo sabe gritar, la vida es un oráculo.
1 comentario:
O quizás, no existe un antes.
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