Hay un minuto, después de lluvias incesantes, en que el silencio es limo. Nuestra visión se aclara pero no sin dolor, no sin recuerdo de lo que fue seco y polvoso. El suelo, revuelto, busca respuestas. Por cada gota una pregunta, fue la consigna. Pero no hay paisaje despejado que responda. Sólo la magia que se disuelve y el instante que muta. Más luz, más fuego, más tentativa de nuevos adioses. Dialécticas líquidas. El semen, el flujo, mis genitales también muy lubricados y él sorprendiéndose, "cero líos".
Nos tocábamos por la caricia, por la idea, por la dimensión de su sonido, después de que él hablaba, otra vez, del cumpleaños, de sus treinta y esa posible libertad, esa emancipación que no requiere. Ahora lo sé, ahora que ya no llueve en este llano, que él ya tenía su propia libertad muy bien domada. De que no necesitó más espuelas o fuetes de besos y lecturas. Ya era suyo un mundo adentro, un territorio de relaciones y emociones secretas. Me asomé, visité rápido sus golfos y arrecifes. Y soy, mientras lo cuente, un marino atado al mar. El fango inspira esta carta esférica.
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