lunes, 23 de junio de 2008

16

Va cayendo lo que precipitándose nos endurece, nos transforma en un collar de ónix, en un adorno al fin de cuentas. Es la resignación de cuatro patas, su sombra mostrenca para seguir a la intemperie. Hoy sí soy capaz de ya no hablarte, de no buscar tus palabras con un aburrido y suplicante "hola". E incluso quiero que te difumines, que no regreses, que no vengas a duplicar silencios para mi necesidad de ruido. Tú que dialogabas mejor que el diablo, mejor que un cómplice perfecto, casi mejor de él, el de la mesita frente a un parque.

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