martes, 17 de junio de 2008

11

De un secreto.
Antes de que se acabe la batería de esta máquina he de compartirlo: acabo de pensar, muy seriamente, que si no me calmo lo mejor será diluirme en más palabras. Decir adiós y volver a ningún lado.

lunes, 16 de junio de 2008

10

De lo que corta.
Quererte de todas maneras en todos los tiempos los verbos de un día quererte dos y tres veces con el ritmo que nunca aprendí en la escuela en cada hora de angustia mientras las nubes eran animales en brama que me miraron deshacer la maravilla de este don de quererte con mi dolor de mi muchacha menstruando y eso que no se iba no se iba eso que vuelve ladrando que me ata a tu imagen sin ropa a tu mirada que repite cuánto te quiero con todas mis vocales y sus colores amargos sin rumbo como estas líneas escribiéndote porque quererte es no parar el discurso de la estrella roja de las ocho en la noche esa luz sin consuelo a la distancia ese instante para quererte en silencio con mis manos sucias de tanto manosear lo que te quiero y con esta jaula de memoria con este veneno de olvido con el que me perfumo a diario y salgo a vivir a distraerme mientras gano más lejanía mientras inventas un ancla para mi escondite y el tuyo duerme creciendo parece un oso salvaje por eso lastimo el espacio un oso gris e inmenso puede herir este poema

9

De la llamada.
No saber dónde poner la cabeza. Duele. Explota. Se someté a la rebelión de una misma y los sentimientos guardados en múltiples cajas. Maderas de todos colores y materiales distintos. Moños, listones, papeles metálicos, crisantemos y lirios en la imaginación de quien destapa esos cubos y escucha música. Es tarde. Pero no hay sueño y no has adelantado lo que debes hacer. El deber sigue inmóvil, aplacado porque suspiran como animales durmientes en un rincón, todas esas cosas que deben terminarse y no marchan, se detienen con el poder del recuerdo. No se dan a quien las vive, no se acomodan con ternura en la rutina. Lo cierto es que no me acomodo en ningún sitio. No puedo arraigar. Y la vida trae cambios. Héctor se casa, mi amigo de Madrid, el símbolo de una posible puerta abierta para escapar. La escapatoria, siempre ella. Una mujer odiándome desde niña, una palabra con sangre coagulada. No puedo estar. Soy alguien inestable, ergo, una especie de no persona. Hija del viento que hace llorar a todas las veletas.
Mi primer amante dijo que al cambiarle los pañales al niño amor le meto un dedo en el ano. Así es como logró definir esta incapacidad. Y le creí y seguí moviéndome por el mundo atragantada de la leyenda de una niña terrible. Pero ya no lo soy. Crecí del lado de muchas muertes que es decir amores perdidos. Y también con la niebla de siempre en mi interior que sí ama. "Tienes corazón de condominio", se quejó Agustín afuera del departamento donde vivía en el DF. Años duros, formación de la formación. Extraño la ciudad de México. Mentira, extrañas esa época. Ahora mismo lo daría todo por estar a punto de conocer a Gerardo y no llorar así. Y no escapar así.
Hablé contigo. Citaste en tu e-mail, donde me mandas al diablo, este verso de Lizalde: "Que tanto amor se pudra", pero nada me olió mal. Comencé a quererte en serio con todo el temor, con todo mi aire oscuro, con tanta humedad que sí pudre lo que toco, con cada una de mis razones para escapar de esta atmósfera que no me pertenece. Habré de imaginar otra, de dibujar otro mundo con una sonrisa, si te vuelvo a ver; y he de refugiarme entonces mientras asimilas que escapando vivo y me dejas ir.

sábado, 14 de junio de 2008

7

De un resplandor.
Si me esfuerzo, si consigo no tomar la decisión y volver a la cama para siempre como Onetti y Cioran. Si lo logro, descubriré que tenía un sol debajo de la manga. Para escribir hay que ser tramposos y desconsiderados. Y tiernos, tan dulces como una caminata con arco iris de junio en Bogotá.

6

Del malecón.
En la foto aparecen una indígena, un homosexual, una queer, una hippie y una mujer con la sonrisa blanca que no sé cómo llamar. No le queda ningún título. Inclasificable, la mujer llora en este momento porque advierte puede vivir con la esperanza muerta. Eso es, podríamos asegurar que es una desesperanzada a lo Mutis que es decir a lo Conrad. Pero no, su lágrima delgada y plomiza es el resultado de la espera. A la mujer no le alcanza para ser como Ilona que vuelve con la lluvia. No le alcanza, eso es, es la más pobre de la fotografía. Pero no, puede pagarse un pasaje a Buenos Aires ahora mismo o a Nueva York, o a Cuba para volver al comienzo, al cuerpo alto del ojiverde y su hambre. Un prostituto machista. Eso le encantaba a ella, la dignidad del jinetero que la trató como a una esposa. El empleado que manda. Ella pagó para que la amaran como la mayóría de los hombres en Latinoamérica. Y dejó sus dólares, feliz, en el cajón que él abría cuando ella aún no despertaba y el cuarto de los abuelos uruguayos de la proxeneta olía a jazmines deshidratados en el colchón. Era sexo entre pétalos que ambos comían. Y cubas libres, con música.
Eso es, la mujer de la foto es una puta. Pero no, nunca le pagaron. Eso es, una tonta. No, escapaba justo a tiempo. Eso es, juguemos, anda, ayúdame a ser, a nombrar a esa treintona de la foto.

5

Del fango.
Hay un minuto, después de lluvias incesantes, en que el silencio es limo. Nuestra visión se aclara pero no sin dolor, no sin recuerdo de lo que fue seco y polvoso. El suelo, revuelto, busca respuestas. Por cada gota una pregunta, fue la consigna. Pero no hay paisaje despejado que responda. Sólo la magia que se disuelve y el instante que muta. Más luz, más fuego, más tentativa de nuevos adioses. Dialécticas líquidas. El semen, el flujo, mis genitales también muy lubricados y él sorprendiéndose, "cero líos".
Nos tocábamos por la caricia, por la idea, por la dimensión de su sonido, después de que él hablaba, otra vez, del cumpleaños, de sus treinta y esa posible libertad, esa emancipación que no requiere. Ahora lo sé, ahora que ya no llueve en este llano, que él ya tenía su propia libertad muy bien domada. De que no necesitó más espuelas o fuetes de besos y lecturas. Ya era suyo un mundo adentro, un territorio de relaciones y emociones secretas. Me asomé, visité rápido sus golfos y arrecifes. Y soy, mientras lo cuente, un marino atado al mar. El fango inspira esta carta esférica.

viernes, 13 de junio de 2008

4

De nada.
¿Consuelo? No, no lo hay. Vivamos de la nada entonces. Este es un mundo donde el tiempo se cumple y las mañanas necesitan ahorcarse y los adioses se repiten con trajes idénticos. Deshilachadas telas con que se visten las despedidas. No quiero ese despojo. No soy capaz de abandonar nada ni a nadie. Pero es imposible estar en todo lugar a toda hora. No ser, no estar, no poseer. Pero sí decir que no hasta quedar afónicos y caer desde lo alto como uno de esos pétalos azules a distancia del que mira un sueño de flor en la ciudad más sucia del mundo. Hay belleza, profunda, cintilante en lo sucio, en esa conmoción del que no sabe explicar lo que le duele. Una despedida dando al centro: disparo luminoso. Es la bala de la que te hablé sin hablar cuando callaba a tu lado, dirás que casi nunca, que hablaba sin treguas, sin darle espacio a tu silencio o al mío. Puro miedo.
En un paisaje de árboles floreados nacen sin parar todas mis preguntas.